¿LO LLAMAMOS SOLIDARIDAD?

Esta pregunta se nos pone de frente muchas veces, nos mira a los ojos, desafiante. A veces nos guiña un ojo de modo simpático, de colegueo, de buen rollo: “qué? Lo llamamos solidaridad?” nos dice.

Hay veces que no tenemos más remedio que poner nombre a las cosas que hacemos si queremos contarlas: “lo que no se nombra no existe” dicen. Hay veces que no es necesario que las personas sepan que existe, por muy bueno que sea (en lo malo no estamos de acuerdo, siempre es necesario que se sepa y ponerlo nombre para no repetir). Pero hay otras veces que sí es necesario que las personas lo sepan, porque son dependientes de ellas y porque informar, contar, transmitir, no solo es necesario, también es gustoso.

Nos estamos refiriendo a las acciones que hacemos aquí para apoyar proyectos, para llevarlos a cabo, para apoyar a la comunidad y sus intereses y que son interdependientes del dinero, del tiempo y de la dedicación al respecto de la acción. En el momento de contarla llega el terrible momento de poner un título, que a veces es fácil y otras no tanto, y  es ahí cuando la pregunta se nos pone de frente y con ella el dilema de si llamar a la acción “solidaria” o no.

En principio la palabra solidaridad es bella por sí misma, no debería encerrar ninguna contradicción, tiene un significado que responde al sentimiento desde el que se hacen las cosas, así que hasta ahí no hay problema con ello, sin embargo, a nosotras algo nos hace “ñiñiñi” entre las tripas cuando la usamos.

Lamentablemente observamos como proyectos con la palabra solidaridad entre los dientes está sujeta sobre el papel con alfileres, o llena de estereotipos, de contradicciones y sobretodo tan manida que muchas veces ha perdido el sentido de su esencia.

Si añadimos a estas dudas la situación geográfica en la que nos encontramos: un país de África subsahariana, con todos sus estereotipos de pobrezas y miserias,  entonces la palabra ya se extiende como la pólvora entre gran parte de la comunidad blanca que vivimos aquí:  todas las acciones que hacemos se convierten en solidarias, cuando en nuestro país quizá no sería así y encontraríamos un adjetivo adecuado y cercano a la acción sin nombrar “solidaridad”

No estamos exentas de responsabilidad, usamos la palabra solidaridad, nos gusta en su esencia, la consideramos imprescindible en el objetivo de transformar, porque asentar nuestra vida sobre el sentimiento de la solidaridad  es en sí misma una forma de vivir, que si todos y todas fuéramos capaces de integrar en nuestras vidas se convertirían en redes de apoyo transformadoras. Sin embargo, queremos ser cautas en el uso de la palabra, cautas y conscientes, como los viajes que proponemos.

Hace apenas tres meses lanzábamos un proyecto al que llamamos “Mascarillas solidarias”, y sí, pusimos en el nombre propio del proyecto la palabra mágica, y mágico fue lo que ocurrió. Este proyecto se llamaba así porque no podía llamarse de otra forma, era solidario en su concepto e invitaba a la solidaridad. Gracias a él, en el que muchas personas compraban nuestras mascarillas a precio más elevado del mercado y de lo que podrían adquirirlas en otro espacio, no hay nadie en Diakene Ouoloff (ni niños ni mayores) que no tengan una mascarillas en su bolsillo, que ni tan mal, pero no solo eso, el grupo de costureras de Diakene ha tenido algo de  ingresos económicos en un momento en el que pocos recursos hay para ingresar dinero en las familias,  también hemos creado una caja de resistencia para superar los momentos de crisis y poder seguir manteniendo espacio y personas que trabajan en el campamento donde realizamos nuestras actividades y además contamos con una pequeña caja  para dar la forma y el contenido necesario a nuestra asociación, y todo esto gracias al sentimiento de solidaridad de quiénes participaron en el proyecto.

Sin embargo, las acciones que realizamos en nuestro ámbito de actuación, no queremos llamarlas solidarias, al menos nos resistimos a usar constantemente esta palabra, preferimos decir que son acciones de apoyo, porque nuestro sentimiento tiene mucho más que ver con la responsabilidad que con la solidaridad.

Somos extranjeras, hemos venido a esta tierra y trabajamos en ella, sus habitantes nos han recibido con los brazos abiertos, ofreciéndonos apoyos que igual vienen en forma de abrazo, sonrisas, comidas familiares  y acompañamiento en nuestro desconocimiento para hacernos conocer y aprender, que en otros apoyos más concretos y prácticos para hacernos la vida más fácil.  No devolvemos solidaridad cuando hacemos algo que nos beneficie (utilizo el “nosotros/as” desde el sentimiento de comunidad que nos une: si es bueno para la comunidad, es bueno para nosotras), lo que hacemos lo consideramos responsable.

La consciencia a la que apelamos en la denominación de nuestros viajes viene de ahí, de comenzar a separar el grano de la paja y ser consciente de nuestra presencia, de qué poso queremos que quede de ella y qué poso queremos que nos quede en nosotras, si el de salvadora o el de salvada.

Somos responsables de nuestros actos y de la forma de llamarlos y desde esta responsabilidad procuraremos seguir trabajando, viviendo y respirando.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll Up